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Oscar Niemeyer: el arquitecto universal

diciembre 6, 2012 Deja un comentario

por. DG. Jaime Andrés Betancur Pérez

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“No pensé que iba a vivir tanto, pero le confieso que todavía es insuficiente. No acostumbro a mirar demasiado el pasado, prefiero esforzarme por lo que aún falta por hacer.” Oscar Niemeyer

Luego de mucho tiempo vuelvo a escribir, no como crítico, ni como docente, ni como académico; escribo de nuevo aquí para mostrar mi admiración por quién fuese el más grande de los exponentes de la arquitectura latinoamericana y uno de los más grandes arquitectos de toda la historia de la arquitectura -en especial del modernismo y de la contemporaneidad-. Oscar Niemeyer pudo vivir 104 años para dejar un legado de incalculable valor, no sólo para Brasil -su país natal y donde desarrolló gran parte de su obra- sino para el mundo entero; se le ocultó a la muerte durante muchos años para pensar así sobre la vida, nunca habló de la muerte, nunca miró al pasado, sólo proyectó al futuro.

El maestro nació en 1907 en su querido Rio de Janeiro, y entre su ciudad amada y sus viajes proyectó su obra durante cerca de 80 años; de su inigualable ingenio nacieron casas, museos, edificios, iglesias, palacios, catedrales e incluso una ciudad, más de mil proyectos arquitectónicos en Brasil y en todo el mundo; creyó firmemente en las ideas de Le Corbusier y en el modernismo; fue un revolucionario de la arquitectura y de la forma, odio tanto a la línea recta como al capitalismo –“Contra el capitalismo, no es mucho lo que puede hacer. Pero contra el ángulo recto, opresor del espacio, triunfa su arquitectura libre y sensual y leve como las nubes” como afirma Eduardo Galeano -. No por su obra sino por su sentido revolucionario fue enviado al exilio durante muchos años, pero su obra trascendió más allá de los ideales políticos, incluso fue la mente maestra detrás del diseño de la sede principal de las Naciones Unidas junto con su gran mentor Le Corbusier, así como el creador y constructor de Brasilia y de gran parte de los edificios públicos del Brasil. La vida y la mujer fueron sus grandes inspiraciones, como él mismo decía: “La vida es más importante que la arquitectura”.

Al maestro nunca le inquietó la imposición del ángulo recto de la arquitectura racionalista, sino que siempre estuvo obsesionado con la pureza arquitectónica y con la lógica estructural, consideraba que la arquitectura estaba desapareciendo tras las repetitivas cajas de vidrio; él, creía en la libertad arquitectónica y en ese sentido pudo lograr desarrollar un estilo propio, puro, sin mentiras y prácticamente inigualable; como su mentor Le Corbusier, la arquitectura de Niemeyer es propia, verdadera, revolucionaria, de vanguardia y atemporal; adelantada para la época de sus inicios y estremecedora hoy, cuando aún permanece absolutamente vigente. El maestro es el último de los grandes, como alguna vez dijo: “si diseñaba una forma diferente, tenía que construir los argumentos para explicarla”; pero, después de mucho tiempo, obras y obras se sumaron a su vocabulario plástico, lleno de curvas y de simpleza que ya no necesita explicaciones. Buscó constantemente la belleza y la diferencia; pero su obra nunca fue simplemente plástica; en ella,  lo principal siempre fue anticiparse a los problemas estructurales; para que de esa forma, la sofisticación técnica combinada con la imaginación lograran crear un espectáculo arquitectónico, derivando así en una arquitectura eterna.

Entonces, Niemeyer parte como un héroe nacional en su Brasil natal, pero por otro lado, parte como el último de los grandes del modernismo, siendo el gran arquitecto universal; como el pionero del concreto de curva suave que jugó con los límites de la ingeniería. Él visionó más allá que cualquier otro el pensamiento alrededor del espacio, de la configuración de las formas, de la integración del ser humano con el espacio, le impartió sexo a la maquina para la vida de Le Corbusier, sí, porque su arquitectura es femenina, es sensual, es prácticamente perfecta. Su estilo nunca cambió, evolucionó durante cerca de 80 años llegando al climax con una sensualidad casi descarada. Niemeyer fue libre, entregó su alma a la arquitectura, hacía lo que quería porque más que pensar en él mismo, pensaba en su obra y en como ella debía ser social e igualitaria; nunca se pensó a si mismo como una estrella porque no valía la pena pensarse como un autor de portada de revista; su forma de pensar le valió el desprecio de algunos de sus colegas “contemporáneos” y de la crítica misma -dado que él era un blanco fácil por así decirlo-; era un arquitecto comunista de la vieja escuela y de tendencia populista, fue “Van der Rohe pasado por ácido”, fue un modernista poco ortodoxo. Pero, Niemeyer, el maestro; más que ser un arquitecto, fue un autor que escribía epopeyas con el concreto, logró controlar siempre hasta el más mínimo detalle e incluso rescribió en algunas oportunidades su obra para alcanzar una pureza y una perfección propia.

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Requiem por el diseño pensado… Larga vida al “diseño” artesanal!

febrero 2, 2011 1 comentario

Por. DG. Jaime Andrés Betancur Pérez

Hace un tiempo, me encontraba sentado tomando un café y tuve la oportunidad de conversar con algunos estudiantes de diseño de tercer año; en la mesa había algunos alumnos de diseño gráfico, de industrial y de vestuario; en fin, en medio de café y café y una que otra banalidad o chiste, el diseño, tema que nos competía a todos salió a flote; fue bastante interesante que este tema saliera a relucir, porque fue ahi cuando me di cuenta de algo bastante extraño en cuanto a la concepción que hay sobre el diseño entre los mismos diseñadores (no es del caso en este momento entrar a debatir si lo que yo opino como diseñador es la verdad o no, o si las posiciones de las personas que habían aquella tarde en la mesa conmigo son la verdad o no). El tema, es que como diseñador (un poco ortodoxo para muchos), terminé bastante preocupado cuando les hablaba de la Bauhaus y de los principios fundamentales de esta escuela en nuestra profesión; en medio de un gran monólogo, hablando sobre Gropius, Kandinsky y Paul Klee y en donde planteaba el tema del predominio de la función sobre la forma y la posición que había sentado el arquitecto Frank Lloyd Wright sobre el tema, noté como las personas que habían conmigo, se miraban y me miraban como si en ese momento yo estuviera hablando un idioma completamente incomprensible para ellos, allí fue cuando dudé un poco si lo que me encontraba planteando en ese momento era cierto o falso, y si mis argumentos estaban errados. Pues no, fue totalmente sorprendente cuando los cuestioné frente a lo que estaba pasando y si era que yo había caído en un error; su respuesta fue que no comprendían de que hablaba en mi discurso. Es decir, no sabían nada acerca de la Bauhaus, su historia y su importancia para nosotros los diseñadores, no me refiero a que no sabían de la existencia de la escuela dado que habían oído hablar de ella en sus cursos de historia, lo que no sabían (o no recordaban al menos) era cuáles eran sus principios y menos aun de quienes eran esas personas a quienes yo estaba citando.

Luego de esa tarde y de haberles dado una pequeña retrospectiva histórica, me quedé bastante preocupado dado que no entendía cómo era posible que aquellas personas no tuvieran conocimiento del tema; después de mucho indagar sobre aquel momento me di cuenta que en nuestro medio los principios fundamentales del diseño teórico no se tienen en cuenta a la hora de diseñar y de entender que es eso que nos hace diseñadores; si, aunque parezca increíble para muchos, las palabras forma y función parecen haber quedado relegadas a los libros de historia como anécdotas del pasado para muchos diseñadores, y eso es un hecho bastante preocupante a mi juicio. Es innegable que la Bauhaus aun continúa siendo un modelo conceptual para el diseño de la actualidad (al menos eso es lo que pensaríamos todos), pero al parecer en nuestro medio eso se olvidó; o ¿será que finalmente el pesamiento y la historia alrededor del diseño es completamente innecesario a la hora de diseñar?.

Si consideramos el diseño sólo como el hecho de fabricar “objetos”, es decir, simplemente como una artesanía, entonces tendríamos que expresar que no es necesario el pensamiento y la reflexión alrededor de este y que entonces los diseñadores no necesitamos de la academia para serlo, dado que la artesanía se desarrolla sólo con el manejo técnico de la herramienta; entonces las bases fundamentales y teóricas se deben quedar relegadas a los libros de historia dado que ya serías virtualmente innesesarias; es ahí cuando no podemos entonces reflexionar sobre el diseño como simplemente una labor de artesanía o de artesanos, dado que estos (los artesanos) como tal, no poseen la profundidad de la teoría al momento de crear o al menos en las consecuencias sociales a la hora de obrar, y el diseño desde su definición misma es un acto social.

En ese momento entendí por qué aquel día las personas que se encontraban junto a mi tomando café no tenían conocimiento sobre la teoría del diseño clásico y al parecer no parecía importarles; la respuesta fue simple; fue porque ellos, como muchos, consideraban el diseño simplemente como la labor que realiza un artesano y porque cuando el diseño es una artesanía no es necesario reflexionar sobre el diseño para diseñar. Entonces, Requiem por el diseño pensado, por el diseño que conoce la teoría y su história; larga vida al “diseño” artesanal.

 

Las marcas globales como actos locales

Por: DG. Jaime Andrés Betancur Pérez

En la era de la globalización, uno de los mayores retos que enfrentan las compañías es la expansión a mercados extranjeros o en mercados de culturas lejanas; desde la perspectiva del branding, este suceso posee una mayor relevancia cuando las marcas se expanden más allá de los mercados locales y se ven obligados a probar y sus fórmulas estratégicas exitosas en nuevos mercados los cuales poseen dinámicas muy distintas a las convencionales. Cuando esto sucede, las estrategias que se implementan deben estar ligadas al factor cultural particular de cada uno de los lugares a los que se pretende llegar, al nuevo público y a los patrones de identidad particulares del mismo, para poder así balancear las estrategias ya creadas y los factores culturales de cada mercado, y así no ir a cometer errores que derrumben lo ya construido. Un ejemplo de esta adaptación sucede en Chile en donde las grandes cadenas de comidas rápidas adicionaron palta (aguacate triturado) a sus hamburguesas debido a un gusto local generalizado por este producto, hecho que no se refleja en mercados como el norteamericano; o el caso fallido del paquete de pelotas de golf en Japón en donde a una multinacional de artículos deportivos, que al no tener en cuenta el hecho que culturalmente el número cuatro en dicha lugar es considerado de mala suerte y tuvo que retirar del mercado un paquete de pague tres y lleve cuatro pelotas de golf dado que los compradores consideraban que un paquete con este número de pelotas les traería mala suerte; como estos casos hay muchos, en donde el éxito o el fracaso de una  estrategia de marca depende de una buena lectura de los factores culturales.

Las marcas como canales de autoexpresión

Actualmente las marcas en el mundo globalizado significan mucho más que productos con un logo reconocible, por si mismos signos como el “check” de Nike o la manzana de Apple ya no significan nada, esto porque las marcas actualmente trascendieron al interior de la vida de las personas, y hacen parte de la expresión de las actitudes, personalidades, gustos o disgustos de sus consumidores, ya sean desde el punto de vista individual o grupal de los mismos. Entonces, las marcas deben brindar a sus consumidores oportunidades para la expresión; y en una sociedad global, estas oportunidades de expresión se deben ligar a las costumbres particulares de cada cultura. Las marcas para ser consideradas como marcas globales deben entretejer las identidades y las personalidades de cada mercado para así adaptarse mejor a los mercados locales y poder entregarle a su público más que un producto sino un estilo de vida referencial y modelo a seguir.

Al comprender entonces esta necesidad de adaptación hay algunos pasos que pueden ayudarle entonces a los estrategas de marca y de mercadeo a trazar estrategias que permitan suavizar los impactos de entrar a posicionarse en nuevos mercados:

1. Entendiendo los mercados locales: Las marcas globales deben estar fundamentadas sobre el entendimiento que cada mercado posee características especiales y nunca deben estar basadas en parámetros superficiales de consumo; muchas de estas características están basadas en factores culturales arraigados a la sociedad, entonces para poder entenderlas y enfocar los esfuerzos al posicionamiento en los mercados locales, las compañías deben hacer una profunda lectura y segmentación de los públicos a los que se dirigen, entendiendo como se comportan y cuáles son las necesidades particulares de este en su entorno.

2. Una mejor segmentación para una rápida adaptación: Los mercados por naturaleza están divididos en múltiples segmentos. La segmentación es un ejercicio básico que cada estrategia debe tener para poder enfocar efectivamente los esfuerzos a una buena comunicación y posicionamiento; con los mercados globales, cada día los segmentos de mercados se hacen más variables y se multiplican cada vez más, lo cual no sólo le da a las compañías un mayor público objetivo sino que también les da la oportunidad de hacer una mejor segmentación, dado que las variables a analizar pueden ser más concretas que en el pasado. Basándose entonces en las categorías de productos, las líneas de los mismos, la estrategia de marca o los nuevos canales de comunicación, las compañías poseen ahora herramientas de focalización a los segmentos de público al cual se le desea llegar. Cuando estos procesos de segmentación se hacen a profundidad conociendo todas las variables en juego, los procesos de adaptación se hacen de forma mucho más ágil y rápida.

3. Los canales como componente estratégico: En muchos mercados, cuando se llega al cliente en el lugar correcto y en el momento adecuado es la diferencia entre el éxito y el fracaso, en mercados como los latinoamericanos, o los asiáticos como el de China o India, tener en cuenta los parámetros de los canales de distribución y de compra de los consumidores han hecho que las marcas globales como Sears o Wal-Mart tengan éxito, dado que analizaron cómo funcionan culturalmente las dinámicas de los canales dominantes en dichas culturas y adaptaron sus modelos a estos parámetros, reconociendo de manera crítica las dinámicas particulares y construyendo así nuevos canales más fuertes y adaptando sus modelos particulares a las realidades del cada uno de los mercados.

4. La parte inferior de la pirámide: A pesar del crecimiento económico y el aumento en la capacidad de gasto, los mercados emergentes de los países en desarrollo se caracterizan aun por el hecho que gran cantidad de los posibles consumidores de las marcas se encuentran en la parte inferior de la pirámide de consumidores, quienes poseen características muy específicas al momento de hacer un correcto proceso de segmentación y de análisis de la identidad de los mismos; pero a su vez, son un segmento que puede llegar a ser bastante lucrativo a mediano plazo, dado que poseen un alto nivel en sus aspiraciones y ambiciones. La mayoría de posibles clientes que se encuentran en este nivel de la pirámide son personas que no están dispuestas a pagar precios elevados por los productos que consumen, pero siempre buscan un nivel de equilibrio entre la calidad y el precio, es decir, buscan productos de buena calidad a precios asequibles. Este aspiracional muchas veces representa nuevos retos para las marcas globales, dado que en muchos de estos países ya se están comercializando productos con calidades comparables a los de las marcas globales a la mitad o incluso a un tercio del precio, por lo tanto, el éxito de las marcas globales en estos segmentos depende de la forma en que estas respondan a las demandas locales, buscando así la identificación de los clientes con sus productos en un contexto local.

5. Las marcas globales como un acto local: En un momento en donde las economías están en auge y el comercio mundial ha aumentado, en donde algunos de los países en desarrollo están viendo la luz al final del túnel, especialmente en Asia y en donde el poder de adquisición de las personas ha aumentado considerablemente y muchos gobiernos están tomando la iniciativa para integrar a las economías en fase de auge a las dinámicas del mercado internacional, han dado por fruto, clientes que ya no están basando sus procesos de identidad en modelos internacionales sino que cada vez se sienten más satisfechos y seguros con las marcas locales, pero que a pesar de esto les gusta también consumir marcas mundiales pero que cada día se sienten más atraídos por las marcas locales que están logrando ofrecer producir productos de alta calidad con un toque local distintivo. Este nuevo tipo de clientes obliga entonces a las marcas a trazar estrategias que permitan equilibrar su identidad global con matices locales en sus productos (como es el caso de las hamburguesas en Chile) y llevando este balance a producir resultados exitosos.

Estos lineamientos facilitarán entonces a las marcas globales la transformación de parte de su experiencia en matices locales completamente adaptados para así poder atraer y fidelizar al consumidor local. Adicionalmente estos parámetros podrán definir nuevos retos a las marcas locales entretejer estrategias que le permitan poner en marcha planes de expansión exitosos. Compañías como Nokia, Unilever, McDonald’s, o Procter and Gamble han probado que se puede dar nacimiento a un nuevo tipo de marcas, las cuales podemos definirlas como “glocales” debido a que muchos de sus esfuerzos y éxitos en los mercados internacionales se han dado por su capacidad de adaptación a los diferentes mercados en los que han incursionado.

En conclusión este artículo pretende ilustrar la importancia de introducir el elemento de cultura, ya sean las prácticas locales, las preferencias individuales del consumidor, las dinámicas locales de consumo al ADN de cada una de las marcas. Procesos por medio de los cuales, las marcas deben introducirse en el imaginario particular de cada consumidor, de cada cultura, adaptándose a las distintas dinámicas pero sin perder el aura global que las cubre, refiriéndose de esta forma a la “glocalización”.

Debemos entonces entender la “glocalización” como parte del proceso mediante el cual se entiende que los patrones culturales son bastante sensibles al cambio, y que las marcas globales deben considerar esta sensibilidad como parte fundamental en la estrategia de marca y crear estructuras que permitan hacer de estas marcas entes poderosos pero acogidos por el público y eliminar de esta forma los tintes de colonización y monopolio indiscriminado que sobre ellas pesaban en el pasado.

El push y el pull: del sistema puerta a puerta al éxito de las grandes marcas

Actualmente en el ámbito del marketing existen dos estrategias claramente marcadas sobre cómo se comercializan los productos y como ellos llegan desde el productor hasta las manos del cliente, estas son: el push y el pull. Pero, de que se tratan estas dos estrategias:

Bien cuando hablamos de la estrategia “Push”, nos referimos principalmente a un sistema descendente, es decir, en donde la comunicación va desde la compañía productora en dirección directa hasta las manos del consumidor; en pocas palabras, es la estrategia que enfoca todos los esfuerzos de comunicación en el sistema de distribución, es decir, la empresa productora o la distribuidora centran sus esfuerzos en frases como: “compren con nosotros”, “compren en cantidad y daremos beneficios”, entre muchas otras promesas atractivas para el minorista quien finalmente venderá el producto al consumidor final y en donde las campañas buscan principalmente crear la demanda en el público, este es el sistema tradicional; esta estrategia de ventas, es de la vieja escuela, que obliga al productor a sudar gotas de sangre al salir a tocar millones de puertas a ver quién posiblemente le agrade el producto y finalmente decida comercializarlo; es la estrategia de “llamar y llamar” hasta que finalmente alguien por fin caiga, y cuando eso pasa hay que sortear miles de obstáculos antes de poder agendar una reunión y finalmente firmar un negocio; y si por algún motivo este no funciona, el productor debe volver a comenzar y rehacer nuevamente todo el proceso.

Entonces, la estrategia Push es el mismo sistema que utilizan los vendedores de libros, de enciclopedias, de seguros, algunas sectas religiosas y finalmente los bancos con las tarjetas de crédito; es decir, tenemos un exceso de oferta y buscan como vampiros extraer la sangre de muchas personas hasta que por fin la víctima caiga y “se deje convencer”. Aunque esta estrategia está ligada a los canales de distribución, los esfuerzos en publicidad están centrados principalmente en el hecho de buscar crear la demanda – dado que como dije antes, hay un exceso de oferta -. Y entonces si esto suena tal mal, tal tedioso, tan difícil, cual es la solución; pues finalmente no hay ninguna teoría de lo fácil y rentable, pero si hay una que está ligada más a generar exceso de demanda ante la oferta. Dicha estrategia es la que explica un poco el éxito de grandes compañías como son: Coca-Cola, Mc.Donald’s, Mac o Dell.

Esta estrategia, denominada “Pull”, está ligada a vender más la marca misma antes que las bondades del producto, es la forma de comercialización del nuevo siglo y del que todos somos víctimas, aunque felices. Esta estrategia opera no con el fin de crear la demanda y buscar hacer ventas, sino que busca que finalmente estas lleguen solas. Es enfocar los esfuerzos y las grandes campañas en la venta de la identidad de la marca; en este tipo de estrategia los grandes presupuestos publicitarios están ligados a generar confianza en la marca por parte de los usuarios, de cómo esta se asienta en la mente del consumidor, de vender sensaciones más que productos; es decir de cómo mientras que los compradores buscan identificarse con la marca, los productos buscan por si solos al comprador; a diferencia del Push, en el pull, buscamos crear un exceso de demanda antes que de oferta.

Un ejemplo claro del funcionamiento de este tipo de estrategias en el mundo, son las marcas de ropa deportiva, como son Nike, Puma o Adidas, las cuales venden estilos de vida y los consumidores las adquieren porque finalmente se identifican con ellas; la marca es mucho más fuerte cuando se esta se mete en la mente del cliente, muchas de estas se amparan en leyendas o en las anécdotas de cómo se conformó la empresa, en historias del pasado, en experiencias de los clientes o en el estilo de vida de sus fundadores para así realzar más la idea de la solidez y de la tradición; ejemplos claros de este tipo de estrategias son las marcas de diseñador como es el caso de las grandes casas de la moda europeas, como Bvlgari, Armani, Moschino o The Tsitouras Collection. En Latinoamérica vemos el mismo efecto con el caso de la marca “Casillero del Diablo” de la reconocida casa Concha y Toro, quienes se apoyaron en la leyenda de los vinos de su fundador para promover la marca, antes que vender las propiedades de sus vinos; o los nuevos diseñadores que se tomaron el mercado como una suerte de guerrilla promoviendo sensaciones, criticas sociales o identidades a través de sus marcas, o compañías de textiles como Leonisa que vende la identidad de la mujer y del hecho de ser latino antes que la comodidad de sus prendas. En definitiva, en esta nueva era, el éxito radica en la venta de sensaciones, experiencias, anécdotas y estilos de vida.

Gestión estratégica de diseño

Existen dos tipos de diseñadores, los diseñadores rasos y los diseñadores estrategas y hay mucha diferencia entre ellos; los primeros son personas que cumplen tareas específicas de diseño, que poseen respuesta reactiva al encargo, realizan propuestas llanas; su trabajo está fundamentado en la improvisación y no poseen objetivos a mediano y largo plazo, son inflexibles y sin aspiraciones claras. Mientras que el diseñador estratega, es decir aquel que comprende la gestión estratégica del diseño es ese que puede cumplir variedad de tareas, que posee una visión multidisciplinaria del diseño y de los proyectos, que es proactivo y propositivo siempre ante cada uno de los desafíos, se marca una visión y objetivos a largo plazo, posee un perfil adaptable ante cada situación y se reinventa constantemente.

Entrando un poco más a profundidad, el diseñador estratega es entonces  aquel que establece un análisis de la información y que tiene la capacidad de visualizar los posibles escenarios de una manera global, que hace uso de herramientas de análisis de posibilidades y cambio de diferentes enfoques para la posible solución de un problema o desarrollo de un proyecto, así mismo tiene la capacidad de reestructurar los modelos preestablecidos y traza desafíos que permitan la innovación en todo momento; a diferencia del modelo de pensamiento lineal en donde las decisiones se toman a partir de un encadenamiento lineal de factores, muchas veces siendo este el modelo de pensamiento que poseen los diseñadores rasos.

Teniendo en cuenta estas diferencias, entonces nos encontramos así, con el hecho que hay que redefinir el rol del diseñador, entendiendo que muchas veces en el medio el diseñador es visto más como un operador de diseño y como el último en la cadena de producción y desarrollo de un producto, ajeno a los otros actores y factores que intervienen en la cadena; sino que el diseñador debe ser un gestor estratégico de diseño, el cual debe proveer una dinámica interactiva entre los diferentes aspectos metodológicos, tecnológicos y de innovación en los proyectos, convirtiéndose de esta forma en el eje central de desarrollo e innovación.

De acuerdo con lo anterior, comprendemos entonces que la gestión estratégica de diseño es una forma de pensar, es una forma de ver los proyectos de forma ampliada, integradora e interactiva; es decir, la GED es un ente integrador, que debe propiciar el análisis crítico de los diferentes problemas en diferentes ámbitos y contextos que en el diseño en sí mismo. Esta forma de pensamiento debe estar acorde al nuevo contexto mundial, globalizado y en cambio constante; debe tener una visión interdisciplinaria e integrador que debe propiciar la interaccion del diseñador con los otros actores y factores de cada uno de los proyectos, que propone valores, sentido, personalidad y profundidad a las diferentes propuestas y modelos construidos, dándoles un concepto sólido; que anticipa los factores de riesgo, problemas, necesidades, tendencias y comportamientos de cada proyecto en diferentes escenarios posibles o que finalmente constituye al diseñador como un experto en el desarrollo de estrategias para el desarrollo de productos innovadores.

Entonces, el diseñador que no es un gestor estratégico de diseño, es así,  un ente entonces sin visión inter y multidisciplinaria que se encuentra enfrascado en los modelos antiguos y en parte obsoletos de gestión; que no se anticipa a diferentes posibles escenarios y respuestas, que no le da un valor y un sentido profundo y con personalidad a los productos, que carece de verdadera innovación, que improvisa y no analiza, no traza objetivos a mediano y largo plazo, que brinda respuestas que no son flexibles y finalmente que no está en constante reinvención.

La simplicidad en el diseño… No simplismo, ni simplificación

-Si hay muchos objetos para ver, tu simplemente no vas a ver ninguno de ellos, es decir tu cerebro dirá “muchos”-

Esto se da precisamente por que la mente humana tiene límites cuando procesa la información visual;  cada quien tiene su propio límite, algunos más elevado que otros, pero, todos tenemos un límite. En este sentido, el exceso de información crea confusión y ahí es cuando debemos llegar a la simplicidad en el diseño y en la comunicación. Debemos entonces dar opciones, pero no demasiadas opciones.

¿Han visto alguna vez a un niño en una tienda de dulces o en una juguetería?, Ellos saben lo que quieren, pero son tantos los objetos y es obvio que están bien comunicados, pero finalmente son tantos que ellos no se pueden decidir específicamente por alguno en especial, son demasiados criterios de selección, y al final termina siendo confuso moverse en alguna dirección; así se tenga una marca en la mente, siguen siendo muchos no importa que se haya aplicado este un criterio de selección.

¿Qué es entonces la simplicidad en el diseño?

La simplicidad en el diseño, no significa en ningún momento simpleza o simplismo, ni mucho menos, simplificación; sino que se basa precisamente en el entendimiento profundo de lo que se desea transmitir o comunicar, es decir, en la capacidad de transmitir un mensaje de una forma clara y concisa; los diseños complejos nos obligan entonces a hacer un gran esfuerzo en el momento del entendimiento, de la incorporación de los elementos y de la adaptación a los mismos, llevándonos de esta forma a entenderlos como artificiales o forzados; siendo esta la forma en la que precisamente no queremos que se presenten los buenos diseños.

Se tiene que tener en cuenta entonces, que cuando se desarrolla algún tipo de proyecto de comunicación visual o de diseño para algún tipo de audiencia, así como que la intención final del mismo es la comunicación de un mensaje determinado, y que dicho mensaje debe ser que dicha audiencia lo comprenda a cabalidad, entonces, este debe ser presentado de la forma más simple posible, para que de este modo no exista ningún tipo de ruido que afecte la comunicación; si tenemos en cuenta que el tiempo estimado de atención de un espectador furtivo no sobrepasa los 6 segundos. De ahí surge la pregunta, ¿Cómo hacer que un diseño sea simple de entender?, o simplemente, ¿Qué es la simplicidad?, resolviendo esta última pregunta, se puede resolver de una forma simple la primera. Tengamos en cuenta entonces los cuatro factores de la simplicidad, presentados por George Whiteside en su conferencia “Hacia una ciencia de la simplicidad”.

Los cuatro factores de la simplicidad

Whiteside establece que las cosas simples, para ser simples deben ser, en un primer momento, seguras y predecibles, dado que las cosas complejas son en si mismas producen al final resultados inesperados e impredecibles; teniendo en cuenta que lo inesperado y lo impredecible son los dos factores que más rápido llevan al posible error, poniendo de esta forma las probabilidades a nuestro favor, es decir reduciendo la visión murphiana de “si algo puede salir mal, saldrá mal”.

En un segundo momento, las cosas simples, deben ser poco costosas, y de este modo las personas podrán hacer un mejor uso de ellas; este segundo factor puede ser un poco controversial, pero es cierto; con esto se quiere decir que mientras menos complejas sean las cosas finalmente estas en su construcción misma será más simple, por lo tanto tendrán un menor costo, además las personas las comprenderán más fácilmente y les darán una mayor posibilidad de uso, un ejemplo de esto son las rocas, son tan simples que con ellas se pueden incluso construir catedrales, no es sino ponerlas una encima de otras y ellas en sí mismas soportan peso, ¿simple verdad?, entonces, hasta ahora hay dos factores primordiales, la función de las cosas simples debe ser predecible y el costo debe ser bajo. En un tercer nivel, estas deben tener un alto nivel de desempeño en comparación con el costo en relación con el valor, en este sentido las cosas simples, que cumplen con los factores anteriores deben ser rentables, replicables, completamente usables y entendibles.

Cuando estos tres factores se juntan nos llevan a un nuevo factor que los conjugan a todos, de esta forma, las cosas simples, deben actuar como los bloques de construcción, es decir, fáciles de producir, replicar, tendrán mayores oportunidades de uso, las personas les encontrarán nuevos usos, y finalmente deben ser tan fáciles de comprender e interactuar como para un niño de tres años.

Para finalizar entonces, como dice Einstein, “las cosas deben hacerse de la forma más simple posible, pero no más sencillas”, siendo esta una buena forma de pensar para solucionar los problemas, dado que si se invierte demasiado en hacer las cosas sencillas al final se perderá su función, se tiene que tener en cuenta que aunque se hagan las cosas con bajo costo siempre debe estar presente la función y el entendimiento de las personas. Las cosas simples en si mismas deben ser totalmente entendibles y es entonces cuando el diseño debe tener un alto componente de simplicidad desde su construcción y pensamiento mismo.

Referencias: 1. George Whitesides: Toward a science of simplicity