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¿Será que somos ciudadanos?

Por: DG. Jaime Andrés Betancur Pérez

Marshall McLuhan sienta un precedente en 1967 en su libro “The Alchemy of Social Change” en el cual manifiesta que: “La ciudad ya no existe, salvo como un espejismo cultural para turistas” e insistía directamente que la metrópolis se encuentra hoy obsoleta; junto con Françoise Choay, sugieren que el término “ciudad” ya no es aplicable a nuestro entorno y que debe renovarse en su concepto, dado que está completamente desligado del ideal original de vida en sociedad. El concepto de ciudad nace directamente desde la antigua Grecia, en un ideal romántico que hoy ya no parece ser tenido en cuenta, especialmente en nuestro medio colombiano y en parte latinoamericano. Esta, como la concibieron los teóricos urbanos desde Platón y Aristóteles hasta Lewis Mumford o Jane Jacobs ya no es capaz de mantener su cohesión y su dignidad, o al menos ese es el oscuro futuro al que nos atenemos sus habitantes.  Para poder afirmar entonces esto, tenemos que hacer una retrospectiva conceptual de lo que es la ciudad, la cultura y la ciudadanía, y porque ahora, al menos en nuestro medio no es más que una ilusión.

El concepto de ciudad, para los filósofos de la antigua Grecia, era concebido como la cima de la civilización y del progreso cultural del ser humano; si analizamos entonces, los dos grandes pilares de estas civilizaciones Arístoteles y Marco Tulio Cicerón; el primero afirmaba que “la ciudad ha sido creada en primer lugar para hacer a los hombres verdaderamente hombres, y la ciudad existe para hacerlos felices. El hombre, que inicia su período de desarrollo en la familia, encuentra sólo en la ciudad su madurez: el hombre es por tanto un animal político”, y el segundo a su ves también afirmaba que: “los hombres dejaron poco a poco la barbarie, descubrieron el arte de la vida comunitaria y crearon las primeras ciudades en donde aprendieron la civilización y cultivaron las artes liberales; encuentra el hombre en la cívitas o ciudad un verdadero sentido de grandeza”. Tanto para los griegos como para los romanos entonces, la idea de ciudad marca una conciencia de carácter colectivo en la cual los intereses particualares quedan supeditados por los intereses de la comunidad, es entonces cuando se crean pactos de ayuda mutua en un espacio común.

Esta definición de ciudad lleva a pensar que en la vida en sociedad debe estar dirigida a formarse en el sentido de pertenencia, a mejorar sus condiciones de vida y así alcanzar un nivel superior de desarrollo contrapuesto a las aldeas o al campo. La polis tiene como fin la supervivencia, propia de los pueblos y también la convivencia humana y el perfeccionamiento humano. Y para el renacimiento el concepto cambia y se afirma que se llama ciudad a una reunión de hombres que se juntan en un espacio para vivir felices, y entonces se llama grandeza de una ciudad ya no a la ciudad en dimensión del lugar, sino a la multitud de sus habitantes y su intercalación entre los mismos en la cotidianidad; según esto el concepto de ciudad se liga directamente al concepto de la felicidad, es la forma en que un grupo de ciudadanos conviven en un espacio común para buscar una felicidad común, siendo el fin de la ciudad la felicidad, (concepto un tanto utópico en nuestro medio).

Si analizamos entonces nuestro entorno, nuestras ciudades, nuestra sociedad; se ha relegado la ciudad a un simple espacio para habitar, a un techo o a una construcción para cobijarse, para simplemente habitar, y ahí es donde no somos ciudadanos sino simplemente habitantes; hoy apenas en las puertas del siglo XXI nos estamos comenzando a dar cuenta de los errores que nos alejan cada vez mas de ese ideal de felicidad propuesto cientos de años atrás, por lo tanto hoy es función de todos enaltecer este concepto y regresarlo a su origen, y no habitar más la ciudad como espacio propicio para la degradación humana. Habiendo entendido entonces la ciudad, debemos definir entonces el concepto de cultura como eje fundamental de nuestra vida en sociedad y por ende en la ciudad.

El término cultura que está directamente ligado al concepto de ciudad, puede definirse etimológicamente como “cultum”, lo cual es igual a cultivar y que según los griegos quienes la definían como “paideia” que significaba literalmente educación perfecta y de la Roma de Cicerón en donde se consideraba como “humanitas” es decir la naturaleza y la dignidad humana. Si nos atenemos entonces a la definición verbal-etimológica, es entonces la educación, formación, desarrollo o perfeccionamiento de las facultades intelectuales y morales del hombre; y en su reflejo objetivo: la cultura es el mundo propio del hombre, en oposición al mundo natural, que existiría igualmente aun sin el hombre. En Colombia entonces, la cultura se definió según la Ley General de cultura como: “…el conjunto de rasgos distintivos, espirituales, materiales, intelectuales y emocionales que caracterizan a los grupos humanos y que comprende, más allá de las artes y las letras, modos de vida, derechos humanos, sistemas de valores, tradiciones y creencias”, en otras palabras, la cultura es todo lo que hacemos, es lo que hemos aprendido a través del ejercicio de la socialización, es todo comportamiento que se refleja a partir del folklore, las tradiciones, la idiosincrasia y que siempre surge a partir de la evolución misma de las sociedades; la cultura, entonces, no necesariamente es ese conjunto de costumbres polvorientas de cajón de nuestros abuelos, sino que nace de un ejercicio evolutivo constante, por lo tanto es una expresión  en evolución y cambio permanente, es la manera total de vivir de un pueblo, el legado que el individuo recibe de un grupo y que transforma de acuerdo con su propia evolución, a través de sus propias vivencias y que finalmente le heredará a otro individuo. Resumiendo todo lo anterior, la cultura es un lugar de encuentro que permite el diálogo con la diversidad, es, a su vez, un espacio de búsquedas colectivas y la formulación de un proyecto futuro para los grupos humanos, la cultura entonces está ligada directamente a la tolerancia y al respeto por la diversidad de las sociedades humanas, aceptando las diferencias y las similitudes como parte de una sociedad común.

Para entender entonces el concepto de Cultura Ciudadana, ya habiendo analizado los conceptos de ciudad y cultura, debemos entonces definir que es ser ciudadano y si nos devolvemos al ideal romano de ciudad, el ciudadano denominado como “civis” era todo hombre o mujer que vivía bajo el derecho de la ciudadanía, es aquel que pertenece a la ciudad (no bajo el concepto geográfico sino bajo el marco filosófico de la misma). Ciudadano es quien participa activamente en la construcción de la ciudad. La Cultura Ciudadana entonces ha sido entendida como el conjunto de los comportamientos, valores, actitudes y percepciones que comparten los miembros de una sociedad urbana; y que determinan las formas y la calidad de la convivencia, influyen sobre el respeto del patrimonio común y facilitan o dificultan el reconocimiento de los derechos y deberes ciudadanos.

La cultura ciudadana debe estar ligada al comportamiento de los ciudadanos para construir la ciudad y el ideal de la misma, el espacio para la felicidad y no para la degradación del ser humano, para la tolerancia y la convivencia, la aceptación de la diversidad cultural y de los patrones de identidad de cada una de las personas ya sean nacionales o extranjeros que conviven en un mislo lugar, la cultura ciudadana es entonces ese conjunto de acciones que mínimamente deben ser respetados en todo momento para que la ciudad sea lo que verdaderamente debe ser.  En ese sentido, debemos analizar a profundidad si las acciones que tomamos en el día a día si son verdaderamente muestras de cultura ciudadana, propias de una comunidad que mira al futuro y de un país que pretende ser ejemplo para la región.

Hasta donde he podido ver, aun nos falta y mucho, para llenarnos la boca hablando de lo cívicos y cultos que somos, porque hasta el momento en la gran mayoría de los casos, los “ciudadanos” de este país no respetamos la diversidad cultural que nos enriquece, el respeto por las diferencias de los otrps, la tolerancia, las normas mínimas de convivencia y el cuidado del espacio mismo que habitamos, aun ni siquiera valora al peatón en nuestras calles y el peatón no cumple con las normas para ser mejor peatón, criticamos a aquel que tiene un acento diferente al propio no importa si es de otra región de nuestro país o extranjero; atacamos a quien no piensa como nosotros pensamos, buscamos el bien propio a toda costa antes que el bien común. Esos no son los ideales de la ciudad ni de la felicidad de ser ciudadanos y mientras no entendamos los conceptos básicos, como lo manifesté al principio, la ciudad no será más que una ilusión.